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Filosofía

Vedanā

Client: ©VerdiaVeldora Design Group

Year: 2024

Status: Completed

Vedanā parte de diez días de silencio en un retiro de vipassana y hace una pregunta que casi nadie plantea en serio, ni dentro ni fuera del budismo: no si la meditación funciona, sino qué se descubre exactamente cuando se dice que se ha redescubierto algo que nadie inventó. A través del Canon pali, de las charlas de S. N. Goenka y de la mirada crítica de Erik Braun, Bhikkhu Anālayo y Robert Sharf, el ensayo defiende una idea incómoda: que entre lo que nos ocurre y lo que hacemos con ello hay un intervalo del tamaño de una sensación, que todo un camino de 2.500 años cabe en él, y que nadie puede comprobarlo por nosotros ni desde ningún lugar neutral.

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Tumhehi kiccaṃ ātappaṃ, akkhātāro tathāgatā.
El esfuerzo es cosa vuestra; los budas solo señalan el camino.

Dhammapada 276

EL BOSQUE

El sendero antiguo y la ciudad

En el Nagara Sutta (SN 12.65), discurso budista del Canon Pali, el Buda cuenta a sus monjes como llego al despertar a través del Camino Óctuple y lo asemeja al descubrimiento de una ciudad antigua en medio de la selva. La selva como un mundo sujeto al nacimiento, la vejez, la muerte y el sufrimiento. La ciudad como representación del Nibbāna (Nirvana).

El camino antiguo es el Noble Sendero Óctuple, antes recorrido por otras personas que llegaron a la iluminación, se divide en tres categorías principales y consta de ocho elementos interconectados:

Sabiduría (Prajna)

1. Visión correcta (Samma Ditthi): desarrollar una comprensión correcta de las Cuatro Nobles Verdades. Reconocer la impertinencia de todas las cosas y la inexistencia de un yo permanente. Reconocer las causas del sufrimiento y el camino para ponerle fin.

2. Intención correcta (Samma Sankappa): cultivar intenciones libres de lujuria, malicia y crueldad. Desarrollar la compasión, la bondad amorosa y la intención de renuncia.

Conducta ética (Sila)

3. Habla correcta (Samma Vaca): hablar con la verdad, fomentar la armonía y hablar de manera reflexiva y amable evitando la mentira, el lenguaje calumnioso, las palabras duras y las charlas inútiles.

4. Acción correcta (Samma Kammanta): actuar de manera ética, sin causar daño a otros. Abstenerse de matar, robar y tener conductas sexuales inapropiadas.

5. Medios de vida correctos (Samma Ajiva): elegir una profesión que no sea perjudicial para los demás y éticamente responsable. Evitar ocupaciones que contribuyan al daño y al sufrimiento.

Entrenamiento de la mente / Meditación (Samadhi)

6. Esfuerzo correcto (Samma Vayama): prevenir y superar activamente estados de ánimo negativos o nocivos. Desarrollar y mantener estados mentales positivos y beneficiosos.

7. Atención correcta (Samma Sati): practicar mindfulness en la vida diaria, con atención plena al cuerpo, los sentimientos, la mente y los fenómenos. Desarrollar la conciencia y la comprensión de la verdadera naturaleza de la realidad.

8. Concentración correcta (Samma Samadhi): practicar la meditación para lograr concentración profunda y, en última instancia, perspicacia e iluminación. Desarrollar jhanas, niveles profundos de absorción meditativa.

Este Noble Sendero o Camino Óctuple es una de las enseñanzas budistas fundamentales y a su vez es la cuarta parte y última parte de las cuatro nobles verdades. Estas Cuatro Nobles Verdades son:

1. La verdad de dukkha: El malestar en todas sus formas (dolor, sufrimiento, pena, aflicción, angustia, estrés) es inherente a la existencia en el mundo, es decir, en cualquiera de los 31 planos de existencia en el samsára.

2. La verdad de la causa (samudaya) de dukkha: La palabra clave en la segunda verdad es el término tanhá, que generalmente es traducido como deseo pero que significa también sed, lujuria y apego.

3. La verdad de la extinción (nirodha) de dukkha: Al determinar la causa del malestar de la existencia, podemos exterminar esa causa con lo cual cesa su efecto. Si la causa de dukkha es tanhá, entonces la extinción de dukkha viene lógicamente de la extinción de tanhá.

Esta última verdad merece de una explicación más detallada y es que la extinción del deseo viene con un largo y delicado proceso de estudio, contemplación, evaluación de la realidad, reflexión y meditación. Sin embargo, la palabra clave detrás de la tercera noble verdad no es tanto extinción sino nibbána (nirvana en sánscrito): el estado supremo de extinción total y definitiva de los tres venenos mentales (avaricia, odio e ignorancia). Nibbána, que significa "fuego extinguido", no es la extinción del ser o la no-existencia: es un estado de liberación suprema donde el ser ya no vuelve a renacer otra vez en samsára (ciclo de nacimiento, vida, muerte y encarnación).

Todo samsára es perecedero (anima) y causante de malestar (dukkha), pero más alla de samsára existe el estado de nibbána, que es no-perecedero y causa de dicha suprema. Lo Supremo (nibbána) es de hecho lo que da sentido y propósito de toda la filosofía y religión de Buda, siendo la cuarta noble verdad nada más que el entrenamiento que conduce a ello.

Tal como en el cielo soplan distintos vientos: unos del este, otros del oeste, del norte o del sur; vientos con polvo y sin polvo, vientos fríos y vientos cálidos, vientos suaves y vientos fuertes... Del mismo modo, en este cuerpo surgen distintos tipos de sensaciones (vedanā): sensaciones placenteras, dolorosas y neutras

Siddhartha Gautama (Buda)

La contribución única de Buda

Antes de su iluminación, la escuelas espirituales de la India ya sabían que el deseo (ragā) y la aversión (dvesha) eran las causas del sufrimiento. Sin embargo, intentaban erradicarlos trabajando directamente a nivel de los objetos externos o del intelecto.

La innovación de Buda se estructura en el mecanismo de la Mente y el Cuerpo (Nāma-Rūpa) y hayó el eslabón perdido del origen dependiente (Pratītyasamutpāda) y es que entre el contacto (phassa) de los sentidos y la reacción (taṇhā), existe siempre una sensación (vedanā). Si experimentamos algo agradable, surge una sensación física placentera y es a esa sensación a la que nos apegamos. Si experimentamos algo desagradable, surge una sensación física incómoda y es a esa sensación a la que tomamos aversión.

Por eso al desarrollar Ecuanimidad y Anicca (comprensión de la impermanencia) directamente sobre las sensaciones físicas, se rompe el hábito ciego de reaccionar, erradicando el sufrimiento desde su raíz más profunda.

La sensación como frontera

La traducción del término "vedanā" es más complejo de lo que parece. El buda describe la estructura de la experiencia humana y sitúa a la sensación (vedanā) como el punto de convergencia de todos los fenómenos.

Desde la perspectiva de la psicología budista, esto tiene un significado práctico muy poderoso pues vedanā supone el puente entre mente y cuerpo. Nada entra en nuestra consciencia sin generar una sensación previa en el cuerpo. Los seis sentidos, entendiendo por sexto sentido a la mente que percibe pensamientos, produce una sensación que clasificamos instantáneamente como agradable, desagradable o neutra.

El estímulo no se escoge y la reacción brota sola siguiendo esta secuencia: conocer (viññana) donde la mente conoce, descubre un estimulo (un sonido, un pensamiento, una sensación física). Luego la mente evalúa (sañña) categorizando este estímíulo como bueno, malo, agradable o desagradable. Luego la mente siente (vedanā) donde se experimenta una sensación física en el cuerpo como respuesta directa a la evaluación anterior (calor, tensión, ligereza). Y por último, se reacciona (sankhara) que es la parte de la mente que se encarga de generar impulso de apego (raga) o de aversión (dvesha). Si no hay consciencia, esta reacción en cadena ocurre de forma automática y ciega.

Por lo general, cuando las personas comunes experimentamos sensaciones físicas dolorosas, reaccionamos con aversión (primera flecha) y al no conocer otra escapatoria al dolor físico, buscamos el placer de los sentidos clavándonos la segunda flecha. Esta ignorancia (avidya) genera un circulo vicioso que nos atrapa entre los dos lados de la misma moneda.

Aprender a reaccionar sin aversión o sin deseo, con ecuanimidad y consciencia de la impermanencia (anicca), cortamos la codependencia entre rechazo y apego

Vedanāsamosaraṇā sabbe dhammā. Todos los fenómenos confluyen en la sensación. — Aṅguttara Nikāya 8.83

Las dos flechas

Conviene pararse a reflexionar sobre el concepto de la doble flecha. El budismo enseña que ante un evento doloroso recibimos dos flechas: la primera es el dolor físico o mental inevibtable; la segunda es nuestra reacción emocional. Al entender que el dolor no es tuyo separas la identidad del dolor que la identidad de tu ser, dejando de ser "mi dolor" o "mi sufrimiento" para pasar a ser simplemente "hay dolor presente en mi cuerpo" o "hay dolor presente en mi mente". Eliminamos así la culpa y la narrativa dejando de tratar el dolor como algo personal.

Mediante la observación del dolor, podemos aprender a diseccionar el dolor y darnos cuenta que en vez de ser una masa sólida de sufrimiento, es un flujo constante de sensaciones cambiantes: calor, presión, pulsación, vibración, etc. Al perder su propiedad y su solidez, nos damos cuenta que el dolor es una sensación física que surge, cambia y desaparece (anicca).

Uno de los mayores desgastes energéticos no los provoca el dolor en sí, sino la resistencia desesperada de sentirlo. Si el dolor lo hacemos nuestro, lo sentiremos como una invasión de nuestra propiedad privada, desarrollando ira y frustración que más tarde se almacenarán en nuestro cuerpo. En cambio, si el dolor no lo haemos nuestro, nos daremos cuenta que solo está ocupando momentáneamente el espacio de la conciencia porque se han dado las condiciones para ello (mala postura, enfermedad, un golpe). Al no ser nuestro, tenemos que entender que tampoco podemos destruirlo, simplemente esperamos a que las condiciones cambien y el dolor desaparezca.

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

Anicca y Ecuanimidad

En la pedagogía budista y en la psicología de la meditación, la comprensión de Anicca es la causa y la ecuanimidad es el efecto. No se puede forzar a la mente a estar en equilibrio si antes no ha entendido como funciona la realidad.

En la esterilla observamos que el dolor, por ejemplo, no es un bloque sólido, sino un flujo de sensaciones que cambian constantemente; que un pensamiento triste llega, dura un momento y se desvanece. Al ver este cambio constante una y ora vez, la mente llega a darse cuenta que si todo cambia tan rápido, no tiene sentido pelear con el dolor ni aferrarse al placer.

En las enseñanzas del Buda, Anicca es la primera pieza de un dominó que explica toda la experiencia humana:

1. Anicca (impermanencia): todo cambia constantemente.

2. Dukkha (insatisfactoriedad/sufrimiento): como todo cambia, nada de lo que capten tus sentidos pueden darte una felicidad estática o permanente. Intentar retener lo efímero produce dolor.

3. Annata (no-yo): si los procesos cambian segundo a segundo (anicca) y son inherentemente inestables (dukkha), es absurdo apuntar a ellos y decir "este soy yo" o "esto es mio".

La ecuanimidad es la actitud mental que te permite sentarte en medio de este torbellino de las tres características sin alterarte.

La frontera entre la ecuanimidad (upekkhā) y la indiferencia o apatía (aññāṇupekkhā) es uno de los puntos más críticos de la psicología budista. De hecho, el budismo define a la indiferencia como "el enemigo cercano" de la ecuanimidad, porque a primera vista se parecen, pero sus raíces y efectos son completamente opuestos.

La diferencia fundamental es que la ecuanimidad nace del amor y la sabiduría, mientras que la indiferencia nace del miedo y la desconexión.

La ecuanimidad no es un corazón frío, es un corazón grande, enorme, que permite que todo quepa en él (el dolor, el placer, la tristeza, la alegría) sin que ninguno de esos fenómenos desestabilice su centro. Es como el océano: hay tormentas y olas en la superficie, pero en el fondo permanece en calma absoluta. El ecuánime siente mas pero sufre menos.

(Explicaba mostrando un vaso de vidrio): "Me encanta este vaso. Retiene bien el agua, refleja la luz hermosamente y tiene un sonido agradable cuando lo golpeo. Pero sé que un día el viento lo tirará, o mi codo lo tirará de la mesa y se hará añicos en el suelo. Al comprender profundamente que el vaso ya está roto, disfruto cada minuto con él, y cada trago de agua es precioso. Pero cuando finalmente se rompe, solo digo: 'Por supuesto'". - Ajahn Chah

Fin del yo

Entender que el dolor no nos pertenece es la llave que abre la puerta de la verdadera libertad. Como demostraba el Buda en Anattalakkhaṇa Sutta, la ilusión de un "yo" soberano se desmorona en cuanto intentamos decretar el finde una molestia física o la permanencia de un instante agradable. Nadie manda aíh. El cuerpo y la mente se gobiernan bajo sus propias leyes de causa y efecto.

Cuando la práctica avanza y la solidez del cuerpo parece disolverse, aparece el free flow - vibración sutil donde la materia revela su naturaleza más fluida. Pero incluso en ese instante, la madurez meditativa nos recuerda qeu tanto el dolor burdo como la corriente eléctrica sutil son fenómenos impersonales que surgen, cambian y desaparecen.

Al final, la esterilla nos regala la conclusión definitiva: la liberación no consiste en tomar el control de la orquesta ni en convertirnos en los propietarios de nuestra experiencia. consiste en comprender que no hay ningún dueño, que la tormenta y la calma pasan por el mismo espacio vacío, y que la paz no se encuentra en gobernar el río, sino en la lucidez de aprender a flotar él pues al final, para el budismo temprano, no hay un alma ni un "yo", sino un espacio consciente donde todo ocurre.

Existimos como verbo (un constante suceder), no como un sustantivo (una cosa). Como el cielo que permite que la tormenta y el sol ocurran sin verse afectado por ellos, como el mar que alberga olas y temporales pero que permanece sereno en el fondo.